Lo pasé muy bien ayer en el concierto de Olivemoon en la sala Jazz Cava de Vic. Un local estupendo al que iría a menudo si no viviera a una hora en coche. Veinte minutos a vuelo de pájaro, calculo, pero no soy ningún ave y si lo fuera qué os jugáis a que sería un gorrión. Carolina, asidua persona, nos había dado valiosísimas indicaciones sobre dónde aparcar y cómo llegar al sitio que nosotros, siempre desde el respeto y el cariño, olvidamos y confundimos alegremente.
De todos modos llegamos con tiempo para tomar unas cañas mientras escuchábamos a la banda con las pruebas de sonido y demás. Quise hacer una foto del sitio pero por supuesto me había dejado la cámara en casa, y el móvil no tenía batería. Os conformaréis con una imagen promocional de la misma página web de la Jazz Cava: sólo cambiar el piano por los instrumentos lógicos de una banda de folk-rock y era más o menos el aspecto que presentaba ayer la sala. Es una chulada.
La ausencia de Laura Resina se notó. Tenia “altres afers” a los que atender, según explicó el cantante Marc Navarro. Ella es la viola del grupo. Sé que todos sois muy listos y no necesitaréis saber qué diferencia hay entre una viola y un violín, pero yo sí he tenido que informarme. Y para eso está ese gran invento que es Yahoo Respuestas, fuente de inagotable hilaridad pero que a veces resulta incluso útil. Como en este caso. Olivemoon fueron la tarde de ayer una banda al uso: batería (Ignasi Canals), bajo (Jonathan Oliva), electric guitar (Kim Peratt) y cantante-que-también-toca-la-guitarra-acústica (Marc Navarro). Defendieron su folk-rock boscoso con soltura, pero claro, no estaba ella para aportar ese plus. Aunque bien pensado, con lo pequeñín que era el escenario, casi mejor que faltara la viola: aún le hubiera sacado un ojo a alguien con el arco.
Pero basta de lamentaciones. Olivemoon son buenos, y si les falta la chica ellos se crecen y punto. Con Marc Navarro malito y todo: un tipo del que Txarls comentó que era el primo de Pau Gasol cuando le vimos en el concierto de Fleet Foxes en el Auditori, y que tiene una particular manera de dirigirse al público entre canciones. Da la impresión en cada parlamento de que las frases le salgan al azar, una suerte de improvisación precaria que a mí se me hace simpática, aunque pone un poco de los nervios.
Éste de aquí arriba es un concierto en Bilbao hace unos meses. Está completo y con una calidad envidiable. Me ha parecido una forma óptima de transmitir las sensaciones del directo de estos muchachos. Sé que debería decir algo sobre su música, pero es difícil cuando hay tantos detallitos interesantes extramusicales que comentar. Ya hablé de ellos en su día, en cualquier caso. Y total, ¿qué voy a decir? Citar las influencias ya lo hacen ellos mejor que yo: “Nos encantan las pequeñas percusiones que se esconden en Bon Iver, los recursos melódicos de Andrew Bird, la tranquilidad de Josh Tillman, la potencia de Pearl Jam y la creatividad de Patrick Watson.”.
Podría decir que A Cliff es grandísima. Con su estribillo pegajoso lleno de palmas que llega de forma tan natural que al principio ni te das cuenta de que es estribillo. Habla de ahcerse grande y esas cosas, aunque el cantante comentó que ellos siempre habían creído que hablaba sobre la amistad. El hecho de que hubiera discusión en la interpretación de una letra propia me llena de un estupor maravillado. Ni el propio Bob Dylan, al que por cierto versionan estupendamente, lograría tanta confusión con una de sus letras.
Feeling High es otro pilar de ese EP tan fino que tienen a la venta, The Thickest Forest. Un disco que puede pasar de la fiesta de Ohhh a la melancolía de Sea Toys, otro temazo que es la mejor expresión del talento del grupo para describir paisajes musicales, con coritos lindos finales incluidos. El minutillo de The Tree dio ocasión a Marc Navarro de lucir nuevamente su oratoria, esta vez con humor, al empezar presentándolo como una canción punk-hardcore; luego reconoció que era más bien calmada, y nos invitó a besarnos mientras la escuchábamos. Estos artistas a veces tienen buenas ideas.
Pero hablaba de Feeling High. Qué buena, qué buena. Son más o menos dos partes, la segunda un crescendo y clímax bien bonitos y la primera que cuenta con una guitarra que culebrea de tal forma que merecería ser detenida por escándalo público. No pude resistirme a comentarla con Vanessa y nada más acercar mi boca a su oreja se medio giró y dijo “ya lo sé, la guitarra”. Jopé, ¿tan predecible soy?
Las cabras ofrecen The Thickest Forest. http://cor.to/OTThF

Ooooohhh! El post es óptimo. El concierto también lo fue. Fue óptimo incluso antes de que empezara, el ambiente que se respiraba en la barra mientras los oíamos con las pruebas era excitantísimo (me gusta meter ísimos a la mínima, sí). Interesantes datos los de la viola y el violín que yo desconocía, seguro que atticus puede ilustrarnos acerca del tema en el próximo encuentro. Y sí, el disco es excelente. Y me gustó recordar al verles en directo lo buenos que me parecieron en el primer concierto, que al pasar los meses ya no tenía tan nítido (mi memoria es lamentable). Lástima de la ausencia de Laura, pero es verdad que aún así nos hicieron vibrar.
Y no, no es que seas predecible, es que esa guitarra era maravillosa.
PD: me gusta tu combinatoria “estupor maravillado”.